Harby Scheper: El año pasado decidí buscar un reemplazo para mi equipo de audio. Después de muchas visitas a tiendas, la indicación de un amigo me dirigió hacia DÉ HifiStudio, en el pequeño pueblo de Weerdinge, cerca de Emmen. Esta es, sin duda, una de las mejores tiendas de audio de la región. Quizá fue su localización, ligeramente escondida tras la carretera principal, la que mantuvo este bonito establecimiento escondido de mí durante tanto tiempo. Fui atendido de la manera más amigable y experta por Ferry Kremers, cuyo entusiasmo por el trabajo es contagioso.
El equipo que allí compré fue un par de altavoces MC Exion, un lector de CD Njoe Tjoeb 4000 con upsampler, y un amplificador Audiolab 8000, todo conectado con cables AH!. Durante meses estuve orgulloso y satisfecho con mis últimas adquisiciones, hasta que el virus del audio me atacó y me hizo querer más. Me habían dicho que el amplificador era el primer componente que debía ser mejorado, pero no esperaba que fuera tan rápido. La palabra mágica era ahorrar, pero obviamente quería tener alguna idea de para qué ahorrar exactamente. Así que una tarde me presenté de improviso en la tienda de Ferry, preguntándole: "¿Para que estoy ahorrando? Antes de darme cuenta, estaba sentado frente a un amplificador de modestas proporciones, mirando de arriba abajo su apariencia extremadamente robusta, simple y elegante. Inmediatamente me impresionó su simplicidad y perfecto acabado, pero ... ¿válvulas? Además, tras las primeras ojeadas, otro pensamiento me vino a la cabeza: "¡Me va a costar ahorrar para esto!". Cuando me dijeron que el aparato se llamaba "PrimaLuna Prologue Uno" y costaba sólo 950 euros, tuve que reír. Estaba buscando una mejora, pero ¡mi ampli había costado lo mismo! Debía de haber algún error. ¿Era un exdemo? ¿Segunda mano o made in Taiwan? Mientras, un bonito sonido llenaba el espacio y me daban más explicaciones. Me vi incapacitado para oír bien. ¿Válvulas? ¿Yo? No, esto es para verdaderos audiófilos, aparatos en el rango de más de 2500 euros. Las válvulas te adentran bien en el high-end, ¿vale? Planteé unas cuantas preguntas críticas sobre las ... hmmm .... válvulas, hasta que finalmente decidí irme y pensar en ello.
Durante los días siguientes, esta visita seguía dando vueltas en mi cabeza, y la información adicional de internet había aumentado mi curiosidad. Podría ser ... Entonces, finalmente, decidí ir a oírlo algo mejor, y una tarde de viernes me encontré de nuevo en DÉ HifiStudio en Weerdinge. El PrimaLuna había sido cambiado a una sala más grande, donde unos altavoces del tamaño de un hombre llamaron inmediatamente mi atención. Una mirada furtiva me dijo que eran unos altavoces de 7200 euros, llamados Mahler, de la marca Vienna Acoustics, como vi después. ¿Los controlaría un ampli de 950 euros? Tenía curiosidad por saber si el PrimaLuna sería capaz de presentar la música con la suficiente dinámica.
Tras las primeras notas del álbum "New York city", donde el Peter Malick Group acompaña a la cantante Norah Jones, la vi "aparecer ante mí", tal y como suena. Sentí el movimiento del aire, como si respirara en mi dirección y sólo tuviera que andar unos pasos para tocarla. Eso estaba bien, y también podías "ver" dónde estaba cada músico. El escenario era ancho, con mucha profundidad. ¿Y el PrimaLuna? Bien, estaba sólo en las "doce menos cuarto", como si nada. Tras oírlo durante un rato, estaba convencido del potencial de este pequeño amplificador. Tus oídos son el mejor juez ¿no?. Sin embargo, la pregunta que me hice después fue: ¿Qué oí exactamente? ¿Fue el PrimaLuna, los fantásticos altavoces, o el refinado lector de CD Copland? Una cosa era cierta: El PrimaLuna puede hacer un montón de cosas, pero ¿funcionaría la magia también en mi propio equipo?
Después de leer varias buenas críticas y vender mi Audiolab, decidí comprar el PrimaLuna, sin haberlo probado en mi equipo. Podrías pensar, acertadamente, "para juzgarlo con tus propios oídos". Debo admitir que, en cierto modo, simplemente lo quería. En parte por su atractivo precio y críticas positivas, fui menos crítico de lo que debería haber sido. Como tenían el ampli en stock, estaba de vuelta en mi sala de estar cargando una pesada caja, ¡más rápido de lo esperado!
Descripción del ampli: en la caja no pone el nombre ni hay exuberante publicidad, sólo un número de serie. Por otro lado, llamó mi atención el cuidadoso empaquetado, con un par de guantes de algodón como sorpresa especial, para el caso de que deban manejarse las válvulas. No olvides mover el foam alrededor de las válvulas. Fuera de la caja, otra sorpresa es la ausencia de cualquier nombre, marca o tipo en el propio ampli. Tampoco hay ninguna documentación ni nada por el estilo: ni un trozo de papel. Una pena si quieres saberlo todo acerca de tu última adquisición, aunque indudablemente esto tendría repercusiones negativas en el precio.
El PrimaLuna tiene un bonito acabado antracita y un aspecto distinguido. Los transformadores están detrás bajo una tapa, y en el frontal hay ocho válvulas, protegidas por una jaula desmontable. Debo recalcar que los transformadores no hacen ruido, y que no hay ruido que salga por los altavoces. Las válvulas son de tipo común procedentes de Rusia. Me aseguraron que se pueden reemplazar por un precio muy razonable. Me indicaron que deberán cambiarse cada dos o tres años de media, lo que te da la posibilidad de hacer pruebas. Hay cuatro pequeñas válvulas para preamplificación y cuatro válvulas de potencia. Se calientan un poco, así que podrían servir de calefacción para tu sala de estar. Es aconsejable poner la jaula sobre las válvulas si tienes niños pequeños, aunque entonces el ampli pierde mucha de su belleza. En el robusto frontal de aluminio hay sólo dos botones: uno para el control de volumen, el otro para seleccionar la fuente. Están separados por un pequeño led verde, que se enciende al pulsar el botón de encendido en el lado izquierdo. Hasta aquí los controles. El PrimaLuna tiene cuatro entradas de línea, sin tape out ni mando a distancia. El previo de fono también debe ser comprado por separado. Para los altavoces, puedes escoger entre la conexión de 4 y 8 ohmios. Se incluye un cable de corriente, que puede ser reemplazado por otro más exótico, si quieres. El PrimaLuna está cableado al aire, sin placa. Sólo se usan cables de calidad, aunque debo admitir que no lo he comprobado. Sus dimensiones de 38x27x20 centímetros y 15 kilos de peso son muy modestas para un ampli de válvulas, como su potencia de 35 watios a 8 ohmios. Tiene sus limitaciones en opciones de control y conectabilidad. Sin embargo, esto no lo considero como limitaciones. Al contrario, para mí este es el encanto de un aparato verdaderamente audiófilo; la menor aparatosidad posible, y las inversiones donde realmente importan.
Oyendo el PrimaLuna: tras conectar los cables necesarios y unas pocas horas de calentamiento, era el momento de abrir los oídos. El día de mi compra, al volver a casa tarde por la noche, no pude resistir la tentación: tenía que oírlo por un momento, aunque sabía que el amplificador necesitaba un período de rodaje de al menos cincuenta horas, de las cuales sólo habían pasado seis.
Introduje el CD "Just Like You" de Keb Mo´ en el Tjoeb y me senté en mi posición de escucha, después de subir el volumen del PrimaLuna hasta casi las "doce menos veinte". Ya era tarde y no quería despertar a nadie. Sin embargo, lo primero que noté fue el volumen: ¡mucho más alto de lo que había esperado! El escenario también era distinto de lo que estaba acostumbrado, y la voz de Keb Mo´ sonaba muy bonita. Sin embargo, los agudos todavía me sonaban recortados, aunque el sonido general era cálido y con cuerpo. Esto iba por buen camino. Cuando fui a dormir, una ancha sonrisa debía de cubrir mi cara ...
Durante los días siguientes, fue mayormente la radio lo que mantuvo el PrimaLuna caliente, y no hice ninguna audición crítica. Cuando me dispuse a ello en el fin de semana, los chicos de mi familia inmediatamente me pusieron delante el nuevo álbum de la banda canadiense Nickelback. Querían saber "¿Puede esta cosa sonar alto?" Aunque ocasionalmente me gusta el volumen alto, no era exactamente lo que tenía en mente en ese momento. Con un suspiro, dejé el CD al cuidado del Tjoeb y puse el volumen en las "doce menos diez". Salté con los primeros sonidos porque la música era ensordecedora, aún en mi sala de 40 m2, que no es exactamente pequeña. Las tazas y todos los adornos empezaron a resonar, estaba oyendo un muro de sonido, no me oía a mí mismo. Después de que los chicos se fueran a su habitación, completamente convencidos ("chachi" "guay" etcétera) oí varios CDs, a un volumen más bajo.
La versión en vivo de Patricia Kaas de la canción Mademoiselle Chante Le Blues en el álbum Rien ne s`arrête me da escalofríos, cautivándome totalmente. La voz de Jennifer Warnes también suena fantástica. En Joan of Arc del álbum Famous Blue Raincoat, que canta con Leonard Cohen, es como si ella estuviese delante de mí en la habitación. El violín de Gildon Kremer del álbum Hommage à Piazolla contrasta claramente con los emocionantes sonidos de los otros instrumentos, que también son fáciles de seguir. El bandoneón suena especialmente bien, y se puede oír la respiración del clarinetista de la canción Vardarito.
En Like a Hurricane, del album Unplugged de Neil Young, el órgano aparece enorme en la sala, de improviso. El álbum completo me da una sensación de presencia y de vez en cuando oigo una muchedumbre bien definida.
El Canto Ostinato de Simeon ten Holt es tocado con displicencia por Kees Wieringa y Polo de Haas en dos pianos de cola. Una verdadera sorpresa es la guitarra acústica de Taede van der Veen en el álbum Vreulevijver. En la canción Robin Hood, acompañado por Esther Kloostra en la flauta, los tonos saltan de las cuerdas, casi haciéndome sentir que estoy en una actuación en vivo, La voz de Stef Bos también suena potente en la canción Nachtwaker, y se posiciona bien en el centro, entre los altavoces. Joan Osborne también es una gran artista. La canción St Teresa del álbum Relish tiene potencia y pegada. No mucho después, la voz solista de Thomas Otten cruza la sala. Apoyado en potentes ritmos, evoca una atmósfera muy especial en su álbum Close To Silence. Las cuerdas en Combattimento Consort también convencen plenamente, sonando con cuerpo y elegancia, nunca duras. El Concerto di Amsterdam de Antonio Vivaldi suena especialmente alegre y espectacular. Dinámica sobre todo, con potencia y espacio. Finalmente, oí el blues rock de Jimmy Thackery de su álbum Drive To Survive. De nuevo el PrimaLuna consigue envolverme, la batería parece tener distintos tambores y las guitarras cuerdas diferentes.
Durante los días siguientes, oí muchos CDs distintos. Para un sonido alto, nunca se necesita subir el control de volumen más allá de las doce menos cuarto. Siempre tengo la sensación de oír un amplificador mucho más grande. Mis MCs, con una eficiencia de 90 db 1w/m y una impedancia de 4 ohmios, están controlados sin esfuerzo, e incluso cuando las cosas se ponen más altas, el ampli nunca se queda sin fuelle. Todo suena muy natural. Lo que me impresiona particularmente es como el PrimaLuna puede capturar la atmósfera adecuada para muchas clases de música diferente. No importa el género que escuche, el sonido adecuado siempre se presenta correctamente, cautivador, a veces casi holográfico. Comparado con el Audiolab, el detalle también es mejor. Estoy redescubriendo mi colección de CDs. ¿Y la magia? Francamente, debo admitir que la expresividad de mis MCs no puede ser comparada con la de altavoces que cuestan cinco veces más. Aún así, estoy muy impresionado con los resultados.
Esta es mi primera experiencia con amplificadores de válvulas, y debo decir que me obligan a oír música de forma diferente. El Audiolab que una vez estuvo donde está ahora el PrimaLuna no es comparable, porque la imagen musical es muy distinta. Si es necesario, el PrimaLuna suena con mucha más dinámica y poderío, aunque su actual potencia de salida es considerablemente menor. También el escenario se extiende más allá de los altavoces, tanto en anchura como en profundidad, y los instrumentos individuales son fáciles de seguir. Además, el PrimaLuna ofrece agudos más detallados, agradables y con aire. Con instrumentos críticos como el violín nunca hay dureza. Los graves también tienen detalle, sin retumbar. Los tonos más bajos suenan ocasionalmente un poco sueltos cuando las cosas se ponen difíciles, pero esto también puede ser culpa de mis altavoces. Esta es mi única crítica, pero debo decir que, a altos volúmenes, me muevo en las limitaciones acústicas, no tanto del PrimaLuna como de mi propia sala de estar. Aparte de esto, la música se presenta en la forma debida, musicalmente y sin pizca de disgusto. A veces los músicos parecen estar tocando en mi propia sala de estar. Oír música se ha convertido de nuevo en una aventura y casi tiene un efecto terapéutico. Especialmente las voces, presentadas naturalmente y con aire, a veces me dan escalofríos. Una y otra vez, este amplificador sabe cómo impresionarme, captar mi atención y mantenerme ansioso.
Indudablemente, las válvulas, sobre las que inicialmente era escéptico, juegan aquí un gran papel. Hay algo mágico en ellas. Aunque tienen menos potencia que los transistores, suenan transparente como el cristal, más alto y dinámico, y me envuelven más con el artista. Además, hay algo especial en su diseño, su imagen se corresponde con su calidad. Y por la noche, la misteriosa luz de las válvulas encendidas crea esa extra atmósfera especial en tu sala, lo que no está de más.